Te presentamos a Sara. Ella creció en una comunidad muy parecida a la tuya.
Sara se casó recientemente y se mudó a un nuevo hogar con su esposo, no muy lejos de sus padres. Poco después de su boda, su nuevo hogar se convirtió en una prisión. Su esposo no le permitía salir de la cas
a ni siquiera para trabajar
o ver a su familia. La insultaba, le gritaba y la golpeaba, incluso la forzaba a tener relaciones sexuales cuando no quería.
Sara no sabe que puede buscar ayuda, se siente perdida y aislada, demasiado humillada y asustada como para explicar lo que sucede a sus padres, muy avergonzada como para contarle a sus amigos. Pero, Sara no está sola: en el mundo, al menos una de cada tres mujeres ha experimentado violencia física y sexual, muchas veces a manos de sus esposos o compañeros de vida. Esto puede pasar en cualquier matrimonio o relación de pareja o expareja.
Las niñas, adolescentes y mujeres sufren también otras formas de abuso a lo largo de su vida por parte de familiares, conocidos o extraños. Esta violencia puede lastimarla tanto física como emocionalmente y puede tener serias repercusiones en su salud e incluso acabar con sus vidas. Experimentar una situación de violencia puede impedirles que completen su educación, trabajen y generen ingresos.
La violencia también afecta a sus familias, comunidades y países. La mayoría de las niñas adolescentes y mujeres que sufren una situación de violencia nunca buscan ayuda porque en muchos países no es tan fácil pedir ayuda. Como Sara, ellas no saben que tienen derecho a solicitar estos servicios. También les preocupa la reacción de su familia o temen ser víctimas de nuevas situaciones de violencia. A veces, cuando buscan ayuda, no encuentran el apoyo que necesitan en las instituciones.
Pero, estas barreras se pueden derribar, como con un abanico de servicios que reconocen las múltiples necesidades de las sobrevivientes de violencia. Niñas, adolescentes y mujeres acuden con frecuencia a los servicios de salud. A veces ellas revelan los abusos que sufren; a veces el personal sanitario los detecta.
Recibir la atención que precisan, desde la atención primaria, hospital, líneas de atención telefónica, alojamientos seguros, apoyo psicosocial u oportunidades económicas son algunos de los servicios sociales que les garantizarán sus derechos, su seguridad y su bienestar, para romper con el círculo de la violencia.
Los servicios de la policía y justicia deben ofrecer confidencialidad y protección a niñas, adolescentes y mujeres en el momento de la denuncia ante la policía y la asesoría legal durante el juicio, pero también deben buscar que los autores de la violencia rindan cuentas para acabar con la impunidad.
Bien coordinados, estos servicios reducen la revictimización, previenen riesgos futuros e incrementan las posibilidades de recuperación de las sobrevivientes de violencia, pero también lanzan un mensaje inequívoco a los agresores y comunidades: de tolerancia cero a la violencia contra niñas, adolescentes y mujeres.
La historia de Sara es sólo una, pero hay muchas otras. Con los servicios apropiados, mujeres como Sara pueden conseguir el apoyo que necesitan para romper con el ciclo de violencia. Difunde el mensaje, pasa a la acción, detén la violencia contra mujeres y niñas.
Transcrição do vídeo disponível no Youtube em: <https://www.youtube.com/watch?v=93eXwvSP73U>.
Acesso em 05 mar. 2026.
hogar: lar
aislada: isolada
avergonzada: envergonhada
lastimarla: machucá-la
generen ingresos: gerem renda
abanico: leque
acuden: recorrem
juicio: julgamento
rindan cuentas: prestem contas
riesgos: riscos
* * *
noviazgo: noivado
acoso: assédio
trata de personas: tráfico
de pessoas
embarazo: gravidez
pérdida de ingresos: perda
de renda
consejería: aconselhamento














